Consagración al Espíritu Santo. 25

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“El Espíritu Santo, aunque es único, y con un solo modo de ser, e indivisible, reparte a cada uno la gracia según quiere. Y así como un tronco seco que recibe agua germina, del mismo modo el alma pecadora que, por la penitencia, se hace digna del Espíritu Santo, produce frutos de santidad. Y aunque no tenga más que un solo e idéntico modo de ser, el Espíritu bajo el impulso de Dios y en nombre de Cristo, produce múltiples efectos. Se sirve de la lengua de unos para el carisma de la sabiduría; ilustra la mente de otros con el don de profecía; a éste le concede poder para expulsar los demonios, a aquél le otorga el don de interpretar las divinas Escrituras. Fortalece, en unos, la templanza; en otros, la misericordia; a éste enseña a practicar el ayuno y la vida ascética; a aquél, a dominar las pasiones; al otro le prepara para el martirio. El Espíritu se manifiesta, pues, distinto en cada uno, pero nunca distinto a sí mismo, según está escrito: En cada uno se manifiesta el Espíritu para bien común. Llega mansa y suavemente, se le experimenta como finísima fragancia, su yugo no puede ser más ligero. Fulgurantes rayos de luz y de conocimiento anuncian su venida. Se acerca con los sentimientos entrañables de un auténtico protector: pues viene a salvar, a sanar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar el alma, primero de quien lo recibe, luego, mediante éste, las de los demás” (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1, 11-12).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 24.

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“Espíritu Santo, inspírame; Amor de Dios consúmame; en el verdadero camino, condúceme. María, mi Madre, mírame; con Jesús, bendecidme. De todo mal, de toda ilusión, de todo peligro, presérvame. Jesús se valdrá de ella para propagar la devoción al Espíritu Santo, un día le dirá: «Si tú quieres buscarme, conocerme y seguirme, invoca la luz del Espíritu Santo que ilumina a mis discípulos y ilumina a todos los pueblos que lo invocan. Yo os digo con toda verdad: Quien invocará el Espíritu Santo, me buscará y me encontrará, y será por el Espíritu Santo que me encontrará. Su conciencia será delicada como la flor de los campos. Si es un padre o una madre de familia, la paz reinará en su familia y su corazón estará en paz en este mundo y en el otro; él no morirá dentro de la oscuridad, sino en la paz. Yo deseo ardientemente que los sacerdotes celebren cada mes una misa en honor del Espíritu Santo. Quien la diga u oiga será honrado por el mismo Espíritu Santo, él tendrá la luz, el tendrá la paz. El curará los enfermos, él despertará a los que duermen” (P. Estrate, Mariam, sainte palestinienne. La vie de Marie de Jésus crucifié, P. Téqui éditeur, Paris 1999, 259-260).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 23

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“Jesús nos ha enviado el Espíritu Santo, Dios como el Padre y el Hijo, para que esté en lo íntimo de nuestro ser, y sea el principio que embellezca nuestra alma y que la impulse a obrar, no como conviene a Dios […]. Pentecostés es la fiesta de la infusión del Espíritu Santo. […] La infusión no solamente de los dones de Dios, sino del mismo Espíritu Santo; el ser nuestras almas y nuestros cuerpos tabernáculos donde habitan las divinas Personas; ser una copia de Jesús, no solo por conformación de las obras, sino anteriormente, por una deificación semejante del mismo ser. Para ser santos bastaría darnos cuenta de esta deificación que se opera en nosotros y acomodar a ella nuestra conducta. […]. Somos expresión del Amor divino como criaturas, como cristianos y como religiosos, llamados a la plenitud de la vida cristiana. […]. Sí, grande es nuestra dignidad. Para colmo de ella, lo que celebramos en esta preciosa fiesta de Pentecostés es: El mismo Espíritu Santo con el padre y el Hijo que vienen a habitar en nosotros, en el alma y en el cuerpo también para santificarnos y ennoblecernos, de modo que seamos un objeto digno de Dios. ¡Oh misterio de Pentecostés! No un misterio sucedido una sola vez al comienzo de la Iglesia, sino un Pentecostés permanente, que está es la base de nuestra vida espiritual” (Siervo de Dios, Bartolomé María Xiberta, Fragmentos doctrinales, Barcelona 1976, 347-348).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 22.

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“El Espíritu Santo es el alma de esta Iglesia. Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio (…) Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin él. Sin él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor. […]. No es una casualidad que el gran comienzo de la evangelización tuviera lugar la mañana de Pentecostés, bajo el soplo del Espíritu. Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización: él es quien impulsa a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación. Pero se puede decir igualmente que él es el término de la evangelización: solamente él suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir, mediante la unidad en la variedad que la misma evangelización querría provocar en la comunidad cristiana. A través de él, la evangelización penetra en los corazones, ya que él es quien hace discernir los signos de los tiempos -signos de Dios- que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia” (San Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, n. 75).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 21

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“Amor servicial es el de este Acompañante que viene en ayuda a todas las criaturas para llevarlas a la plenitud. Este es el título que se ha dado al Espíritu Santo. […] Una vez que un individuo ha sido atraído dentro de la órbita de Dios, se ha recogido en su interior y se ha abandonado a El en unión amorosa, ya se ha resuelto el problema para siempre. Basta que se deje dirigir y guiar por el Espíritu de Dios –que ya lo mueve de modo claro- para que tenga siempre y en todo la certeza de actuar rectamente. […] El Espíritu de Dios es sentido y fuerza. El da al alma vida nueva y la posibilita para las acciones para las que por su naturaleza no está preparada y al mismo tiempo le indica la línea que debe seguir en sus acciones. […] Cuando Dios mismo o una verdad escondida acerca de Él se nos desvela, ello sucede gracias a su Espíritu. Del mismo modo, cuando pretende un hombre transmitir a otros este mismo tipo de verdades, deberá ser movido también por este mismo Espíritu·” (Edith Stein, Pensamientos, Monte Carmelo, Burgos 1999, 29-31.

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 20

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“Con tus llamas ardientes y puras/ dígnate, Espíritu Santo, abrasar mi alma; / consúmela en el amor divino. / Oh Tú a quien invoco cada día!

Espíritu de Dios, brillante luz, / Tú que me colmas de favores/ y me inundas también de tus dulzuras / quema, redúceme a la nada toda entera.

Tú que mi vocación me has otorgado, / condúceme también a la unión íntima, interior, a aquella vida / toda centrada en Dios, que tanto ansío. […]  Espíritu Santo, Bondad, Belleza suma, / Tú, a quien adoro y a quien amo, / consume con tu fuego divino / mi cuerpo, mi corazón, toda mi alma. / A esta esposa [de] la Trinidad / que sólo ansía hacer su voluntad” (Isabel de la Trinidad, Obras Completas, Ed. De Espiritualidad, Madrid 1986. Poesía 54, Pentecostés, 29.5.1898).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 19.

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“¡Ven, Santo y Divino Espíritu! ¡Ven como Luz, e ilumínanos a todos! ¡Ven como fuego y abrasa los corazones, para que todos ardan en amor divino! Ven, date a conocer a todos, para que todos conozcan al Dios único verdadero y le amen, pues es la única cosa que existe digna de ser amada. Ven, Santo y Divino Espíritu, ven como Lengua y enséñanos a alabar a Dios incesantemente, ven como Nube y cúbrenos a todos con tu protección y amparo. ¡Ven como Lluvia copiosa y apaga en todos el incendio de las pasiones!, ¡Ven como suave Rocío y como sol que nos calienta, para que se abran en nosotros aquellas virtudes que Tú mismo plantaste en el día en que fuimos regenerados en las aguas del Bautismo. ¡Ven como agua vivificadora y apaga con ella la sed de placeres que tienen todos los corazones!; ¡Ven como Maestro y enseña a todos tus enseñanzas divinas y no nos dejes hasta no haber salido de nuestra ignorancia y rudeza! ¡Ven y no nos dejes hasta tener en posesión lo que quería darnos tu infinita bondad cuando tanto anhelaba por nuestra existencia! Condúcenos a la posesión de Dios por amor en esta vida y a la que ha de durar por los siglos sin fin. Amén” (Francisca Javiera del Valle, Decenario al Espíritu Santo, Ed. De Espiritualidad, Madrid 1994, 60-61).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 18

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“El Espíritu es el dispensador de los tesoros que están en el seno del Padre y el tesorero de los consejos que se intercambian el Padre y el Verbo. […]. Del seno del Padre extrae el poder con dones más numerosos que las estrellas del cielo. Del costado del Verbo saca un amor ardiente, más abundante en frutos que la primavera en flores…. Del corazón del Verbo saca una íntima pureza, más luminosa que un agua limpidísima. […]. Las cataratas del cielo están siempre abiertas para derramar la gracias, pero nosotros no tenemos abierta la boca del deseo para recibirla…. Oh, ¡qué abierto está el cielo para enviarlo! […]. ¡Ven, ven, oh Santo Espíritu!… ¡Venga la unión del Padre, la complacencia del Verbo, la gloria de los ánge­les! ¡Tú eres, oh Espíritu de verdad, premio de los san­tos, refrigerio de las almas, luz de las tinieblas, riqueza de los pobres, tesoro de los que aman, saciedad de los hambrientos, consuelo de los peregrinos; tú eres aquel en el que está contenido todo tesoro!” (Santa María Magdalena de Pazzi, Éxtasis, amor y renovación. BAC, Madrid 1999,55-56, 207-208).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 17.

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

https://radiomaria.es/podcast/consagracion-al-espiritu-santo-17-07-20/

Texto:

“La sequedad de espíritu es también causa de impedir al alma el jugo de suavidad interior […] cerrándole la puerta por medio de la continua oración y devoción. La segunda cosa que hace es invocar al Espíritu Santo, que es el que ha de ahuyentar esta sequedad del alma y el que sustenta en ella y aumenta el amor del Esposo, y también ponga el alma en ejercicio interior de las virtudes, todo a fin de que el Hijo de Dios, su Esposo, se goce y deleite más en ella, porque toda su pretensión es dar contento al Amado. […] Espíritu Santo, el cual dice que recuerda los amores; porque, cuando este divino aire embiste en el alma, de tal manera la inflama toda, y la regala y aviva y recuerda la voluntad, y levanta los apetitos (que antes estaban caídos y dormidos) al amor de Dios, que se puede bien decir que recuerda los amores de él y de ella”. (San Juan de la Cruz,  Cántico Espiritual B, 17, 2. 4; 39,3).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Consagración al Espíritu Santo. 16

CANTO-INVOCACIÓN:

Meditación del día:

Texto:

“Lo primero que conviene para que el Espíritu Santo venga a nuestras ánimas, es que sintamos grandemente de Él y que creamos que puede hacer mucho. Por desconsolada que esté un ánima, basta Él a consolarla; por pobre que esté, a enriquecerla; por tibia que esté, a encenderla; por flaca que esté, a inflamarla en ardentísima devoción. ¿Remedio para que venga el Espíritu Santo? Sentir de Él muy magníficamente. Y así dice hablando de la grandeza del Espíritu Santo: El poder de Dios es muy grande, y de solo los humildes es honrado. […] No vendrá el Espíritu Santo a ti si no tienes hambre de Él, si no tienes deseo de Él. Y los deseos que tienes de Dios, aposentadores son de Dios, y señal es que si tienes deseos de Dios, que presto vendrá a ti. No te canses de desearlo, que, aunque te parezca que lo esperas y no viene y aunque te parezca que lo llamas y no te responde, persevera siempre en el deseo, y no te faltará. Hermano, ten confianza en Él, que, aunque no viene cuando tú le llamas, Él vendrá cuando vea que te cumple” (San Juan de Ávila, Sermón 27, Domingo infraoctava de la Ascensión).

Consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.